viernes, 5 de noviembre de 2010

Reflexión sobre la dimisión de un político

Cuando un político decide dimitir…¿Es una decisión adecuada? ¿Es un acto de valentía? ¿Lo es de honradez o dignidad? ¿O por el contrario es un reconocimiento de culpabilidad?
Sin duda es un hecho que suscita mucha polisemia, pero sobre todo conlleva una gran polémica, motivada principalmente por el hecho de pertenecer a ese sector público de representación ciudadana. Los políticos deben ser el ejemplo social de lucha constante por conseguir mejoras ciudadanas. Los españoles vivimos en una democracia, por lo que tenemos el derecho de elegir a aquellos que nos van a representar en nuestra sociedad -aunque realmente vengan preelegidos-.
Con nuestro voto, esperamos algo de esa persona, pero ¿realmente lo conseguimos o se trata de un logro verbal? Esperamos que su actitud sea la más correcta en el desempeño de su función, pero ¿siempre lo es? Está claro que la política es un terreno muy cuestionable en todos los sentidos.
Cuando un político dimite no solo está renunciando a su puesto de trabajo. La política conlleva mucho más. Un político debe ser valiente, enfrentarse a las situaciones que se le presenta de la manera más adecuada, representarnos socialmente como le ha sido otorgado a través de su función, saber estar en donde tiene que estar, contestar cuando se le pregunta, ….¿muchos deberes para una sola persona? Si, pero eso y mucho más implica la ética política, y todo aquel que se introduce en ella lo debe saber, y ante todo saber hacer.
Hoy día son muchos los políticos que han sido acusados de corruptos, y de ellos pocos los que han dimitido. Por un lado su dimisión puede suponer cobardía de enfrentarse a un hecho que no ha cometido, pues si no te consideras culpable debes creer en la justicia y esperar, como un valiente. Pero por otro puede suponer dignidad, respeto tanto personal como familiar, pues es una situación que mancha a tu persona gravemente y que es difícil enfrentar.
Esto nos lleva a una doble lectura: los que no dimiten tras ser acusados pueden estar intentando crear en la sociedad la idea de que no son culpables de un hecho que realmente pueden haber cometido. Eso de “creo en la justicia” y luego esta lo tacha de culpable ¿nos suena, a que sí? En el Partido Popular, por ejemplo, no hay dimisiones hasta que la justicia dicta su resolución, a pesar de tener imputaciones penales graves. Y no son pocos los casos en los que finalmente la justicia dicta culpabilidad.
 Pero, por otra parte, están aquellos políticos que tras haber sido acusados de corruptos, toman la decisión de dimitir por respeto a su persona y a su contexto familiar. Pero en estos casos, y mientras no se demuestre lo contrario, para la mayoría de los ciudadanos su abandono significa culpabilidad. Es el caso actual de Rafael Velasco, que ha dimitido como “número dos” del PSOE Andaluz al ser señalado de corrupto. Según él, lo ha hecho por dignidad, y sobre todo por no poner en peligro el embarazo de su mujer, quien también está involucrada.
Lo que está claro con todo esto es que la justicia siempre es la que tiene la última palabra, y tanto en una dimisión o no dimisión, siempre es ella la que aclara el resultado final. Yo conocí personalmente a Velasco (relación periodística), y creo que muchos cambiarán su forma de pensar sobre él cuando la justicia decrete su sentencia final.
Aquí os dejo un enlace para aquellos que queráis conocer el comunicado íntegro de su dimisión.

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