sábado, 30 de octubre de 2010

EL HOMBRE QUE GESTÓ UN GRAN MOVIMIENTO Y LO VIO CRECER

Ese era Marcelino Camacho. Gran fundador de Comisiones Obreras, fiel a sus valores e ideales, ha luchado constantemente por y para su sindicato, consiguiendo grandes logros,  muchas veces a base de sacrificios. Es el claro ejemplo del compromiso social. Nadie más podrá anteponer los intereses generales de los trabajadores a los suyos propios como lo hizo él, sacrificando incluso su vida, que conoció de primera mano lo que es “vivir” tras las rejas de una cárcel.
Fundó una clase obrera en una época difícil, en un régimen que negaba sus derechos, pero al que él se enfrentó, con renovada fuerza, y no le faltaron apoyos, ni en ese momento, ni durante toda su vida, y menos aun en el momento de su muerte. El más importante y constante de todos el de su mujer, Josefina Samper Rosas, sin la que sería imposible entender su trayectoria. Pieza esencial en la vida de Marcelino, sobre todo durante los 14 años que pasó en la cárcel, Marcelina siempre le brindó su compañía, su cariño, y su fidelidad ideológica. Los que la conocen la definen como mujer de izquierdas, concienciada e inteligente. En ella se cumple la frase de que detrás de un gran hombre hay una gran mujer.
 



Admirador y admirado por la clase trabajadora, a la que siempre ha intentado ayudar. “Dar de comer al que tiene hambre, dar de beber al que tiene sed, vestir al desnudo…”. Palabras que él supo llevar a la práctica de la única y mejor manera que podía hacerlo: luchando para mejorar salarios que darían comida, bebida y vestimenta a los más necesitados de la sociedad, esa clase trabajadora a la que él supo sacar de los escombros y darle representación social.
Desde el pasado viernes España está de luto. Marcelino Camacho nos dejó a sus 92 años de edad. Pero su larga trayectoria política y su flamante personalidad siempre nos acompañarán. Sobre todo a aquellos que como yo le aplaudimos por todos los derechos que nos ha brindado a los trabajadores, a la clase social que un día él sacó de las ruinas de una España que la rechazaba, para llevarnos a otra España en la que hoy día somos verdaderos protagonistas del entramado social. Hoy comemos, bebemos y vivimos, pero sobre todo tenemos voz y fuerza para luchar, que es el pilar que él fundó, desarrolló y que nos enseñó a conservar. Marcelino es el símbolo de todos, una lucha constante que nos hereda y que será la que nos permitirá seguir creciendo.
 Gracias Marcelino.
“Fue un personaje singular en el sentido de extraordinario. Probablemente su mayor virtud fue quizás su mayor defecto: la obstinación”. Pero fue precisamente esa forma de ser la que permitió que no le pudieran derrotar, ni en la cárcel ni cuando consiguió la libertad”.
(Rubén Vega, Historiador)

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